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¿Por qué se ponen rojas las orejas?

¿A quién no se le han puesto alguna vez las orejas rojas? Es algo muy normal por lo que todos en algún momento hemos pasado, una sensación que reconocemos  perfectamente cuando nos ocurre. Nuestro lóbulo comienza a ponerse rojo y caliente, algo que acaba extendiéndose a toda nuestra oreja. Pero…, ¿por qué nos pasa? ¿Cuál es su significado? ¿Por qué se nos ponen rojas las orejas?

En ocasiones, se llegaba a decir de manera popular que si era la oreja derecha la que sufría esto, se estaba hablando bien de nosotros. Por el contrario, si era la izquierda, nos estaban criticando. Pero no, no es esta la explicación ni tampoco nos van a pitar los oídos.

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¿Cómo se explica el fenómeno de las orejas rojas?

Aunque sea algo normal, no deja de ser curioso que esto nos ocurra, pero tiene una explicación física bastante sencilla.

Nuestras orejas se encuentran llenas de pequeños vasos sanguíneos que, por distintas causas, se dilatan y hacen que aumente el flujo de la sangre que contienen, haciendo que se ponga enrojezcan y se calienten. Mientras esta vasodilatación continúe, las orejas mantendrán ese mismo estado, aunque no suele durar mucho tiempo.

Es lo mismo que suele ocurrirnos en nuestras mejillas, sentimos calor en la cara y se enrojecen, al mismo tiempo que lo hacen nuestras orejas. Podemos creer que al sentir esta quemazón tenemos incluso fiebre, pero no, como mucho nos generará picor.

Causas de por qué las orejas se ponen rojas

Es importante mencionar primero que debemos distinguir el enrojecimiento de las orejas -llamémoslo “común”- con el llamado Síndrome de la Oreja Roja o SOR, del que te hablaremos enseguida. La rojez de orejas debida a una situación concreta y puntual que nos sucede no tiene nada que ver con este último, que para nada es tan frecuente.

Las causas del enrojecimiento de las orejas pueden distinguirse entre físicas y emocionales:

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Causas físicas, que se deben a:

  • Factores climáticos, como cuando hace frío o calor excesivos o por cambios bruscos de temperatura. Por ejemplo, si nos exponemos a temperaturas de frío extremo, nuestro cuerpo reaccionará calentando y enrojeciendo nuestras orejas para evitar que se congelen.
  • Alergias y urticaria. Pueden ser a los cambios de temperatura, a determinados productos o a algunos alimentos y bebidas.
  • Alergia a algunos medicamentos o por efectos de los medicamentos especialmente indicados para regular la tensión alta o hipertensión.
  • Infecciones bacterianas o víricas del oído, como las otitis.
  • Perforaciones y piercings en las orejas, que también pueden producir enrojecimiento e infección.
  • Traumatismos, cuando sufrimos algún golpe en el oído externo. En ocasiones, si este golpe ha sido lo bastante fuerte, podemos sufrir de hemorragias internas en el oído. En estos casos es altamente recomendable acudir al especialista, ya que podríamos terminar padeciendo serios problemas de audición, incluso pérdida auditiva o hipoacusia.
  • Picaduras de insectos.
  • Enfermedades dermatológicas, como psoriasis, eccemas o dermatitis atópica.
  • Quemaduras solares e insolación.
  • Desequilibrios hormonales. Algunos de ellos, como los relacionados con las glándulas suprarrenales, el tiroides, el embarazo o la menopausia, tienen como efecto secundario el enrojecimiento de las orejas.
  • El Síndrome de la Oreja Roja o SOR.
  • El consumo de alcohol, ya que es un vasodilatador.

En todas ellas pasamos por una situación en la contenemos nuestras emociones, por lo que aceleramos nuestro flujo sanguíneo y nos sonrojamos.

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El Síndrome de la Oreja Roja (SOR)

Cuando te ocurre el enrojecimiento en la orejas, ¿sientes que arden demasiado, que están bastante hinchadas? Es probable que no sea algo puntual y sufras del Síndrome de la Oreja Roja.

A esta patología que ya hemos mencionado antes, le puso nombre el médico J.W. Lance en el año 1994 y, a día de hoy, todavía no se tiene mucha información acerca de ella.

Sí está claro que el enrojecimiento de las orejas se debe a la misma razón (acumulación de sangre y dilatación en los vasos sanguíneos de las mismas), pero con la diferencia de que deja de ser puntual y sucede con mayor frecuencia, tiene mayor duración y nos genera muchas incomodidades.

En este caso, el SOR puede desatarse por cosas tan simples como realizar ejercicio, tocarnos las orejas en exceso, comer o mascar chicle, hacer movimientos de cuello o por cualquiera de las causas anteriormente citadas.

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Este síndrome nos genera en las orejas picazón, excesivo picor, hinchazón, rojez, inflamación, excesiva sensación de calor en ellas… Puede ocurrirnos en una oreja o a la vez en ambas, con una duración que va desde unos pocos minutos hasta algunas horas. Después cesa sólo.

Aunque se sabe poco de él, sí conocemos que el síndrome tiene bastante vinculación con las personas que sufren de migrañas, dolores de cabeza en racimo o dolores de mandíbula. Las últimas investigaciones lo relacionan con diversos nervios del oído que se encuentran conectados con el nervio trigémino, el encéfalo y la columna vertebral. Pero como hemos dicho, todavía se sigue investigando sobre ello.

Como ejemplo, cuando este Síndrome de la Oreja Roja se da en los niños, es un signo altamente específico de migrañas y cefaleas primarias (96,3 %), algo que ha sido ratificado por recientes estudios. Por lo general, el SOR y las orejas rojas son más frecuentes en hombres que en mujeres.

Tratamientos y remedios para las orejas rojas

Ante todo, no te alarmes, no es una dolencia grave. Ni siquiera si sufres de SOR, ya que se podría decir que sólo genera incomodidad y que no es una enfermedad propiamente dicha. Y bastante paciencia, ya que no es posible prevenir y controlar el enrojecimiento de las orejas. Cuando llega, llega.

Este fenómeno no tiene una solución clara, pero lo que sí puedes hacer si sufres de estos enrojecimientos es:

  • Aplicar frío en las orejas cuando te ocurra, para aliviar la sensación de calor.
  • Controlar tu tensión arterial.
  • Evitar el estrés y la ansiedad. Ante todo, tranquilidad.
  • Cuidar tu alimentación y tratar de llevar una vida sana.
  • Procurar un correcto descanso.
  • Acudir a tu médico para que te recete algún medicamento específico.
  • Secar bien tus oídos después de la ducha, tratando tus orejas con suavidad. Prevendrás las otitis.
  • Tener una buena higiene de tus oídos y cuidar tu salud auditiva. Es importante que revises tu audición una vez al año.
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